36
Los feroces sharnazim te rodean. Sus cimitarras de afiladas hojas relucen al sol de la tarde.
-¡Atrapadlo! -grita Maouk-. Pero lo quiero vivo.
Los guerreros envainan de mala gana sus cimitarras y esperan una oportunidad para arremeter contra ti. Seis yacen muertos a tus pies antes de que seas finalmente dominado.
-Eres valiente, señor del Kai -dice Maouk en tono de burla-, pero ahora necesitarás algo más que valor para salvarte.
