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Cuando el itikar alza el vuelo sientes un tirón hacia atrás. El pájaro grazna al batir estruendosamente las alas. Un puñado de Drakkarim son dispersados como si fueran muñecos de trapo al salir de la jaula la gran ave negra y elevarse por los aires. Divisas a un drakkar cuya máscara de calavera ha sido desgarrada en dos por las cortantes garras del itikar y que se precipita desde la plataforma de aterrizaje hacia una muerte cierta allá abajo en los jardines del Palacio.
Las doradas cúpulas del Gran Palacio se alejan a medida que el itikar aumenta su velocidad. Pronto has sobrepasado la muralla de la ciudad y te diriges hacia la brillante superficie salada del lago Inrahim. La tierra debajo de ti aparece bañada por el color anaranjado de un bello crepúsculo: el sol desciende lentamente por el oeste tras las montañas de Dahir. Animado por tu fuga, echas hacia atrás la cabeza y lanzas un grito de triunfo que se lleva el desapacible viento del atardecer.
Como en respuesta a tu grito, un coro de graznidos resuena en el cielo. El miedo vuelve a atenazarte el corazón al descubrir una bandada de kraans, aves horribles de correosas alas. Cada una de ellas lleva sobre su lomo a un guerrero drakkar. Están a más de kilómetro y medio detrás de ti, pero rápidamente acortan distancias. Queda menos de una hora de luz. Si logras alejarte de tus enemigos un poco más, podrás despistarlos cuando se haga de noche.
Debes decidir en qué dirección vas a proseguir el vuelo, pues ahora te encuentras sobre el centro del lago Inrahim. Consulta el mapa que figura al principio de este libro antes de tomar una decisión.
Si deseas conducir el itikar al sur, hacia el desfiladero de Dahir, pasa al 264.
Si prefieres dirigirte al este, hacia la ciudad de Chula, pasa al 244.

