340
Tardáis más de una hora en zafaros de los Adu-kaw. Durante ese tiempo os han perseguido por casi todo Ikaresh. De no haber sido por el oportuno encantamiento de Banedon, aún seguirían tras vosotros. No puedes por menos de reírte al recordar sus caras cuando vieron que un kalkoth arremetía contra ellos. Gracias a los dioses no se les ocurrió preguntarse cómo una bestia de los hielos de Kalte vagaba por las calles de su ciudad.
Cuando os habéis recuperado de la persecución, dejáis la estrecha calleja en la que os habíais escondido y reanudáis la búsqueda de Tipasa el Nómada.
