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Dos enanos suben a la plataforma y se apresuran a prestar ayuda a su joven capitán. Uno de ellos abre una bolsa de terciopelo que lleva atada al pecho y saca de ella un frasco de cristal y una venda de lino limpia. Atienden al herido y, cuando recobra fuerzas, Banedon escucha atentamente el relato de los terribles sucesos que te han conducido hasta allí. Cuando concluyes tu triste historia, Banedon habla con un tono de firme determinación en su voz.
-El futuro de Sommerlund está en nuestras manos, Lobo Solitario. Debemos impedir que el señor de la Oscuridad Haakon destruya el Libro del Magnakai. He oído hablar de la tumba de los Majhanes a los nómadas del Gran Desierto. Dicen que es un lugar terrible donde imperan el horror y la muerte, para lo poco que allí queda con vida. Está situada detrás de Dahir, cerca del oasis de Bal-loftan. Eso es todo lo que sé, pues los Majhanes escondían muy bien sus tumbas y las pocas pistas que subsistían han desaparecido hace tiempo bajo las arenas movedizas del Gran Desierto.
Tú rostro muestra el pesimismo que te invade al escuchar esas palabras.
-Pero no todo está perdido -dice Banedon impávido-. Hay un hombre que puede guiarnos hasta allí. Se llama Tipasa Edarouk, Tipasa el Nómada. Debemos buscarle, pues él es el único hombre que ha entrado en la tumba de los Majhanes y vive para contarlo.
