El Desierto de las Sombras

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Sin la brisa que os refrescaba en la veloz Nave del espacio, el calor de las montañas es casi insoportable. Camináis penosamente sobre una rojiza arena suelta. Lleváis el rostro cubierto para que el polvo no se os meta en la garganta. Lo único que parece crecer en esa desolada extensión es una hierba dura como alambré que os araña las botas y los calzones.

Al llegar a los suburbios de Ikaresh pasáis junto a una pequeña cabaña redonda donde una cabra está comiendo de un pesebre al lado de la puerta. En ésta aparece un hombre que os saluda tocándose la frente en señal de amistad y os invita a entrar en su humilde casa.

[ilustración]

Si posees la disciplina de Sexto sentido, pasa al 365.

Si deseas aceptar su invitación, pasa al 225.

Si prefieres declinar su ofrecimiento y continuar hacia Ikaresh, pasa al 272.

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