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Tu arma ha infligido una gran herida al drakkar y a su montura. El kraan da vueltas sin control y, al caer hacia tierra, desmonta a su jinete. Mientras se apagan allá abajo los terribles gritos del drakkar, que se precipita hacia la muerte, tú tuerces al sur para evitar ser atrapado entre los dos escuadrones convergentes de jinetes a lomos de los kraans.
El rápido cambio de dirección aumenta la distancia que te separa de tus perseguidores, pero el itikar ha sido malherido y tú estás a punto de desesperar: tu montura pierde tanta sangre que en cualquier momento puede quedar inconsciente y tirarte como una piedra al lago Inrahim.
De pronto divisas algo a lo lejos. Es una visión que renueva tu fe en milagros.
