El Desierto de las Sombras

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El Medallón de ónice comienza a brillar y vibrar en tu bolsillo. Ese objeto especial, arrancado de la armadura de un capitán vassagoniano durante la batalla de Ruanon, te permite comunicarte con el itikar. Le aseguras que no pretendes hacerle ningún daño. Los itikar son por naturaleza criaturas salvajes y malignas, pero el poder del Medallón de ónice domeña su natural instinto, sometiéndolos a las órdenes de quien lo posee.

Al montarte en la amplia silla divisas a los Drakkarim, que cruzan en tromba la pasarela. Rápidamente te inclinas hacia adelante, desenganchas de la argolla de la silla la soga que sujeta al animal y agarras las gruesas riendas de cuero.

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