308
Domar a un itikar puede llevarle a un jinete muchos años, pues se trata de criaturas salvajes y malignas por naturaleza. Utilizas tu habilidad del Kai para comunicarte con el gigantesco pájaro y asegurarle que no pretendes hacerle ningún daño. El ave fija en ti una torva y fría mirada, pero sientes que ya no se muestra hostil.
Al montarte en su ancha silla divisas a los Drakkarim, que cruzan en tromba la pasarela.
Rápidamente te inclinas hacia adelante, desenganchas de la argolla de la silla la soga que sujeta al animal y agarras las gruesas riendas de cuero.
