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-¡Agárrate fuerte, Lobo Solitario! -grita Banedon al recuperar el control del timón de resplandeciente cristal.
Obedeces y te agarras a la barandilla del parapeto, afianzando también los pies para mayor seguridad en unos topes de la cubierta, pues has adivinado la maniobra que el joven mago se dispone a realizar.
-¡Balanceo de piratas! -vocea Banedon a los enanos que combaten en cubierta y gira de golpe el timón hacia la izquierda.
La Nave del espacio responde a ese movimiento inclinándose violentamente: la cubierta pasa de la posición horizontal a otra casi vertical. Los enanos han hecho caso del grito de Banedon y se han tumbado en el suelo de la cubierta, aferrándose a las tablas como lapas a la quilla de un galeón.
Los Drakkarim pierden el equilibrio y son arrojados al vacío fuera de la cubierta y de los botalones del barco. Banedon endereza la nave y en la cubierta resuena un clamor de victoria mientras el barco enfila los Koos.
-¡Sangre por sangre!

