El Desierto de las Sombras

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El vordak se desploma a tus pies, pero antes de que puedas escapar te encuentras rodeado de drakkarim. Un silencio de muerte reina en el arboreto. Te dispones a abrirte paso entre tus enemigos, pero cada vez aparecen más guerreros Drakkarim. El miedo te hace estremecer: los Drakkarim de refuerzo están armados con pesadas ballestas de bronce.

Cuando lanzas tu grito de guerra «Por Sommerlund», una lluvia de dardos envenenados cae sobre ti, tumbándote de espaldas sobre la blanda tierra. El último sonido que oyes al desangrarte y morir es la espantosa carcajada de triunfo del señor de la Oscuridad Haakon que sobresale por encima de los crueles alaridos de sus Drakkarim.

Tu vida y las esperanzas de Sommerlund hallan así un triste final.

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