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Miras fijamente al cerrojo en un intento de descorrerlo. El sonido de pies que corren detrás de ti te hace estremecer al advertir que los Drakkarim suben en tromba la escalera. Entonces, muy despacio, el cerrojo empieza a moverse. Tan pronto como se descorre lo suficiente, abres de un empujón la puerta de piedra y sales corriendo por ella, sin saber lo que puede haber al otro lado.
