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Dos dardos hienden silbando el aire y se clavan en tu espalda. Una sacudida de dolor te recorre el cuerpo. Te desmayas y caes sobre los picos envenenados. Al desangrarte hasta morir, el último sonido que oyes es la horripilante carcajada de triunfo del señor de la Oscuridad Haakon, que sobresale por encima de los alaridos crueles de sus malvados guerreros Drakkarim.
Tu vida y las esperanzas de Sommerlund hallan así un trágico final.
