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Mientras observas cómo los jinetes de los Kraans desaparecen en el cielo crepuscular, un ruido atronador retumba a través de la llanura desde Barrakeesh. El sonido es amenazador y encierra un peligro latente, como si la ciudad misma maldijera por tu huida.
Te das media vuelta y centras tu atención en Banedon, tu inesperado salvador. El improvisado vendaje que cubre su herida se halla empapado de sangre y el joven está pálido y débil.
Si posees la disciplina de Curación, pasa al 377.
Si no posees esa disciplina, pasa al 339.
