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El Drakkar cae de rodillas y hace un horrible y áspero ruido al tratar en vano de sujetar su destrozada máscara de muerte. Tus golpes han abollado el metal de sus casco fracturándole el cráneo. Le das una patada desde el botalón y le lanzas al espacio, hacia el lago Inrahim para que haga compañía al enano que ha asesinado. Pero el enano no está muerto ni se encuentra a cientos de metros allá abajo. Aunque inconsciente, ha quedado enganchado por un pie de la red que cuelga debajo del botalón. Agarras al enano por la pierna y tiras de él hasta ponerla a salvo antes de continuar la lucha.
La plataforma parece desierta: por encima de su parapeto fortificado no asoma ninguna cabeza, pero presientes un peligro. Instintivamente saltas desde el botalón al casco principal, con el arma dispuesta para atacar.
