El Desierto de las Sombras

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Un gran chorro de sangre verde mana a borbotones de la roja vestimenta del Vordak, produciendo un nauseabundo olor a ácido. La criatura grita y se pierde de vista al desplomarse dando vueltas en el vacío su cuerpo destrozado.

Envainas la espada, agarras las riendas y tratas de recuperar el control de tu montura herida. Has matado al Vordak, pero aún no has ganado la batalla. El Itikar está perdiendo mucha sangre y podría quedar inconsciente en cualquier momento y tirarte como una piedra contra la dura superficie del lago Inrahim. De repente divisas a lo lejos algo que renueva tu fe en los milagros.

Pasa al 221.

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