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Antes de que encuentres un lugar a propósito donde esconderte, aparecen tres sharnazim.
-¡Dejádmelo a mí, estúpidos! -retumba una voz, y los guerreros se partan para permitir pasar a Maouk, que surge de las sombras levantando un dardo con la mano. Profiere una maldición y te arroja el proyectil al pecho.
