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-Entra, extranjero. Sé bienvenido a mi humilde taberna -te dice la regordeta tabernera-. Tenemos vino, comida y habitaciones en abundancia.
En ese momento, oyes a los hombres de Maouk, que entran en la plaza, y echas una mirada inquieta a la puerta abierta. La tabernera advierte que estás nervioso y te indica la escalera del sótano, diciéndote en voz baja:
-No te preocupes. También nosotros tememos al nuevo Zakhan. Deprisa, escóndete.
No hay tiempo para vacilaciones. Los guerreros de Maouk se acercan ya a la taberna.
