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Sales por la puerta y entras rápidamente en el grato frescor de la habitación contigua. Por este lado de la puerta descubres un gran cerrojo e instintivamente lo corres para detener a posibles perseguidores. La habitación está vacía, a excepción de algunas ropas colgadas del respaldo de una silla de hierro forjado. A juzgar por el tamaño y la hechura de las ropas, deben de pertenecer al armero.
Oyes ruidos que resuenan en el pasillo oriental: voces de guardias que comen y el sonido inconfundible de platos y cubiertos.
Subes por una ancha escalera y sigues una red de corredores hacia el este. Están flanqueados de nichos en los que hay bustos de mármol y bellos tapices que representan a los anteriores Zakhanes o alguna batalla hace largo tiempo olvidada.
Si posees la disciplina de Sexto Sentido, pasa al 105.
Si no posees esa disciplina, pasa al 158.
