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Tu deseo de abandonar esta ciudad traicionera sólo es superado por el temor a perder el brazo. Debes conseguir la Hierba Oede, aunque eso significa que tendrás que entrar en el lugar que más deseas evitar: el Gran Palacio.
La calle sigue un trazado tortuoso a través del Mikarum hasta desembocar en el «Horm-tas-La-llaim»: la Tumba de las Princesas. Más allá de la tumba se alza el Gran Palacio como un impresionante panteón blanco.
Recuerdas de pronto una leyenda que te contó hace tiempo uno de tus maestros del Kai: «La némesis del Zakhan Negro». El Zakhan Negro fue un tirano brutal, el más cruel de los miembros de un linaje que reinó en el imperio del desierto hace muchísimos años. Los bárbaros excesos de su reinado no han sido aún olvidados en los Lastlands. El Gran Palacio fue construido por su ejército de esclavos, prisioneros de países que el Zakhan había conquistado en la guerra. El Palacio se convirtió en su obsesión: él en persona supervisaba las obras y castigaba a los trabajadores si se producía el más mínimo retraso. Asesinaba a sus súbditos indiscriminadamente y de la forma más terrible. Su método favorito de ejecución era serrar a la víctima por el medio desde la cabeza a los pies hasta que el cuerpo quedaba dividido en dos mitades. Pero lo que lo cubrió de infamia fue la ejecución en masa de los esclavos que edificaron el Gran Palacio. Sacrificó a todos los obreros para que sus enemigos nunca pudieran enterarse de que había mandado construir secretas cámaras acorazadas. Entre esos esclavos estaban sus dos únicas hijas, Kebilla y Sousse, que abiertamente se opusieron a la crueldad de su padre y trataron de impedir las ejecuciones. Ciego por la ira, el Zakhan ordenó que sus hijas fueran las primeras en morir.
Mejor habría sido para el Zakhan, y para Vassagonia, que él mismo hubiera muerto aquel día. Vivió dos años más, pero el sentimiento de culpa desquició su mente, siendo constantemente torturado por el desprecio de sí mismo y la desesperación. En el Gran Palacio el silencio de las noches se veía con frecuencia alterado por los lamentos y los gritos del Zakhan, que deambulaba de habitación en habitación buscando a sus hijas. Cuando murió, fue enterrado en la Tumba de las Princesas, junto a ellas.
Desde donde tú estás divisas dos entradas al Gran Palacio: una puerta rematada con pinchos de hierro en la pared norte y una arcada en la pared oeste, bloqueada por un rastrillo de hierro. El Palacio, por lo general, es custodiado por numerosos guardias, pero hoy hay pocos: la mayor parte de ellos están buscándote en la ciudad.
Si deseas acercarte a la puerta norte, pasa al 126.
Si quieres aproximarte al arco oeste, pasa al 79.
Si prefieres buscar otra forma de entrar en el Gran Palacio, pasa al 49.
