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En cuanto entras por la abertura, el panel se corre cerrándola y te adentras en la más completa oscuridad. Avanzas nervioso, con una mano delante de la cara para apartar las telarañas que cuelgan en festones del bajo techo. Estás a escasa distancia de lo que parece el final de este pasadizo cuando pisas en una plancha que activa otro panel descorriéndolo y dejando al descubierto una pequeña cámara.
