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Caminas por el agua cuajada de heces y procuras no respirar por la nariz. El pegajoso fango está lleno de inmundicias de color verdinegro y a cada paso la superficie se resquebraja despidiendo un gas nauseabundo. Te tapas la boca con tu capa del Kai, pero el horrible hedor te ahoga y te provoca arcadas. Un ruidoso chapoteo detrás de ti te advierte que los hombres de Maouk no se encuentran lejos y aprietan el paso. A intervalos regulares, tolvas circulares desparecen en el techo. Muchas de ellas están teñidas de brillantes colores: amarillo, blanco o marrón rojizo. Esta sección del Baga-darooz discurre por debajo del barrio de tejedores de Barrakeesh, donde los bataneros tienen sus tiendas. Por las tolvas son arrojados directamente al alcantarillado los tintes usados, haciendo que el agua aceitosa adquiera un color aún más chillón.
Divisas delante de ti una ondulación del agua. El oleaje se acerca: parece la estela de una criatura sumergida. Al ver que la ola te llega a la cintura, te apartas instintivamente, aplastándote contra la pared manchada por los tintes, y observas atemorizado y fascinado a la vez cómo la ola desaparece en el interior del túnel. De repente un grito espantoso retumba en al oscuridad: Maouk ha perdido a uno de sus hombres. Los terribles alaridos del guerrero sharnazim te hacen estremecer, pero tu instinto te impulsa a seguir adelante mientras tengas ventaja. El canal llega entonces a una bifurcación de donde arranca otro túnel en dirección oeste.
Si deseas entrar por el nuevo túnel, pasa al 108.
Si prefieres continuar hacia el norte, pasa al 70.
