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Estás tan irritado por la masa de insectos que te cubre la piel que no ves el poste de metal herrumbroso que sobresale del agua fecal delante de ti. Chocas con él y pierdes el equilibrio. Instintivamente te agarras al poste pero, como todo en esta alcantarilla, está cubierto de suciedad y es tan resbaladizo como el hielo de Kalte.
