El Desierto de las Sombras

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El sinuoso callejón termina en una pequeña plaza ajardinada, flanqueada en tres de sus lados por altas casas con balcones en el primer piso. Rejas de hierro forjado refuerzan todas las puertas y ventanas.

Subes casi hasta lo más alto de un enrejado de madera que cuelga debajo de un balcón cuando los hombres de Maouk irrumpen en la plaza. Muchos de ellos están armados con pesadas ballestas de bronce.

-Ríndete, Lobo Solitario -grita Maouk-, o mis hombres te ensartarán contra la pared.

La situación es desesperada. A tan poca distancia los sharnazim no pueden errar el tiro. Maldiciendo tu mala suerte saltas al suelo y aterrizas a los pies de Maouk.

-Eres valiente, Señor del Kai -gruñe-. Pero necesitarás más que valor para salvarte ahora.

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