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Acercando el oído al agujero de la cerradura, percibes débiles pero horribles sonidos. Gritos de agonía mezclados con risas histéricas y sollozos que parte el corazón. El trallazo de un látigo y el crujido de un potro confirman tus sospechas de que al otro lado de esta puerta hay una cámara de tortura. Los terribles ruidos te hacen estremecer de horror y sin perder un segundo te alejas a todo correr de la cámara por el corredor norte.
