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En cuanto el guerrero cae a tus pies te das la vuelta para reunir a tus hombres. Te horrorizas: tres de ellos yacen abiertos de brazos y piernas, derribados por sendas flechas. En la caverna entran muchos guardias; el otro explorador está rodeado de enemigos.
-Huye, señor. Escapa mientras puedas -grita desesperado.
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Cuando sus palabras se prolongan en el eco de la caverna, una espada enemiga le atraviesa el corazón. Te das la vuelta y echas a correr hacia la puerta, que da paso a un túnel que conduce al norte. Pegas un portazo y echas el cerrojo. Echas a correr por el polvoriento túnel, confiando que el cerrojo aguante y retrase a tus perseguidores.

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