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Te das cuenta de que el líquido que embadurna las puntas de sus lanzas es savia gnadurn: un veneno mortal de necesidad. Decides no enfrentarte a ellos, pues el menor rasguño producido por una de esas lanas emponzoñadas te produciría la muerte. Te pones en pie de un brinco y echas a correr, saliendo de los árboles e internándote en la planicie en cuyo extremo se encuentra Ruanon.
