El Abismo Maldito

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Haces una señal al cochero para que se detenga. Los carromatos se paran y de la puerta trasera del carromato que abre la marcha surge un hombrecillo diminuto, de cara redonda, vestido con una túnica de color rosa vivo. Grita y maldice al cochero a medida que baja por la escalerilla, deteniéndose tan solo para ajustarse la faja que a duras penas le cubre la prominente barriga. Al ver a tus hombres, suelta un gritito ahogado y echa mano de un espadín que lleva al cinto.

-¡Bandidos! ¡Ladrones! -grita, y se debate procurando soltar el espadín de su adornada funda. Una fila de rostros ansiosos aparece en las ventanillas del carromato, pero sus expresiones cambian de pronto y se traducen en sonrisas al reconocer vuestros uniformes de la guardia de Sommerlund.

-Tranquilízate, Yesu -grita una mujer de cierta edad-. Son exploradores de Sommerlund. No te van a robar el oro.

Una oleada de risas recorre los carromatos mientras el hombrecillo, que por fin ha conseguido desenvainar su espadín de un tirón, gira en redondo y cae al suelo.

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-Debéis perdonar a Yesu -dice la mujer-. No tiene la menor intención de haceros daño; lo que pasa es que el «Sendero de los Bandidos» le sienta fatal a los nervios.

Interrogas a la vieja; le preguntas de dónde vienen y a dónde se dirigen. Te dice que son un grupo de juglares, que viajan desde hace varios días desde su tierra natal, Cloeasia, allá al este. Actuaron por última vez para las gentes de Eshnar, pero dicen que fue una actuación decepcionante. Al parecer, el pueblo estaba más silencioso que una tumba; los que acudieron a verles eran gentes entristecidas y dignas de conmiseración. Dice que se dirigen a Holmgard, en donde confían encontrar un público más agradecido.

-Se está yendo la luz -comenta la mujer-. ¿No querríais acampar esta noche junto a nosotros? Lo consideraríamos un gran honor, y nos encantaría entreteneros con nuestras canciones y nuestros bailes.

Te das cuenta de que en los ojos de tus hombres, mientras aguardan tu decisión, brilla la esperanza de que así sea.

Si decides acampar con los juglares, pasa al 182.

Si optas por proseguir tu camino hacia Ruanon, pasa al 247.

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