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Con tu mandoble has hecho astillas la lanza del enemigo. En cuanto retiene las riendas de su montura, se deshace de lo que le queda del arma y empuña su alfanje. Su sonrisa es de lo más maligna, y deja ver una hilera de renegridos dientes. Suelta su grito de combate y espolea su montura hacia ti una vez más.
Si has alcanzado el nivel de entrenamiento de Aspirante, u otro más elevado, pasa al 111.
Si aún no has conseguido ese rango, pasa al 43.
