El Abismo Maldito

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Las aguas del río te llenan los ojos, la nariz y la boca. Luchando desesperadamente en pos de una bocanada de aire, toses sin poder evitarlo. Cegado por las aguas, no alcanzas a ver el gran peñasco que emerge del lecho del río unos metros más allá. Con un espantoso crujido chocas de cabeza y te hundes en las impetuosas aguas.

Aquí acaban tu vida y tu misión.

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