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Sacas la espada y se la ofreces al Capitán. Una sorprendida mirada, llena de emoción, le ilumina el rostro mientras examina la hoja.
-Pensé que nunca volvería a ver este acero, en el que tanto confío. Es un buen presagio con vistas a la batalla. 15
Te da las gracias y la envaina en su funda, que, hasta este instante, había pendido vacía de su cinturón.
