El Abismo Maldito

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Sueltas la flecha, que surca con un silbido el aire y se incrusta en el hombro del jefe de los bandidos. Oyes su aullido de dolor por encima del fragor de la batalla, pero, pese a estar malherido, hace un intento por reunir a sus hombres. Te inclinas para coger otra flecha, pero descubres, con pánico, que el carcaj del soldado muerto está vacío. Al alzar la vista ves que dos jinetes de Vassagonia acaban de cruzar la barricada y galopan hacia ti. Sueltas el arco y corres a protegerte tras un gran barril de agua que custodia un fornido sargento de la caballería de Sommerlund.

[ilustración]

-¡Dispara contra el jefe! -le ordenas a la vez que lo señalas. El sargento apunta con cuidado y dispara con un movimiento seco y preciso. La flecha surca el humo que envuelve el campo de batalla y atraviesa la brillante coraza del oficial enemigo. Sus malvados ojos parpadean y se cierran para siempre, a la vez que cae de su montura con la flecha profundamente clavada en el corazón.

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