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El terrorífico monstruo desenrolla los tentáculos de tus piernas y se hunde hacia las profundidades. Te congratula tu triunfo, pero sientes que te arden los pulmones. Consigues ascender a la superficie justo a tiempo de aspirar una amplia bocanada de aire.
Todo lo que queda del bote y de tus hombres sobre la superficie de este negro y profundo río es un remo astillado que flota al alcance de tu mano. Te agarras al pedazo de madera y te dejas llevar por la corriente hasta la orilla opuesta. Compruebas que a lo largo del combate no se ha perdido nada de los que llevas en la Mochila, lo cual no es más que un pobre consuelo, ahora que tus hombres han desaparecido.
Con decisión, afrontas los peligros que puedan estar aguardándote y resuelves llegar a Ruanon para rasgar las cortinas del misterio que lo envuelve. Antes de introducirte por el túnel que sigue hacia el este te permites una última mirada a las negruras del río.
