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Apoyas las manos sobre el soldado herido y consigues colocar los huesos del codo, para fijarlos después con jirones de sus ropajes. Entretanto, el otro soldado ha conseguido deshacerse del tentáculo que le inmovilizaba, e incluso ha desgajado otros dos tentáculos que se hallaban sobre el maltrecho bote. A continuación se hace con los remos y se pone a remar frenéticamente hacia la orilla opuesta; sin embargo, en cuanto los remos hienden las aguas se escucha un tremendo crujido.
