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Un chillido de espanto y dolor rasga el aire. El tirador cae al suelo, pues un dogo acaba de saltarte al cuello. Otros perros, atraídos por sus desgarrados gritos, van hacia él: no tardan en despedazarlo entre todos. Alzas la vista y ves que desde la barricada viene un hombre corriendo hacia ti. Lleva un escudo y en la otra mano un arco; es el Capitán D'Val.
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Te alcanza, jadeando a causa de la carrera, y extrae una flecha del carcaj. Los dogos, hartos de su víctima, buscan carne fresca con que saciar su hambre, y se fijan de nuevo en ti. D'Val apunta, tira y saca una nueva flecha inmediatamente. Los dogos, atravesados, caen al suelo. La puntería de D'Val es mortífera. El Capitán te agarra por el brazo con un rápido movimiento para transportarte hasta la barricada. Otros soldados salen de ella para ayudaros, pero estáis ya al alcance de los arqueros enemigos, que no han dejado de avanzar, y una lluvia de flechas les hace retroceder. Las flechas de color rojo silban por todas partes. Al fin alcanzáis la barricada; apartan desde dentro un carromato y pasáis por el hueco. El Capitán D'Val está prácticamente extenuado; se tambalea y sus hombres corren en su ayuda antes de que llegue a desplomarse.

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