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La larga cabalgada nocturna, unida a la falta de sueño, hace mella tanto en tus hombres como en las monturas. Sin importar con cuánta urgencia apremies a la tropa, lo cierto es que no logras sacar ventaja a la horda de bandidos.
De repente un considerable ejército de jinetes enemigos aparece por detrás, desde un valle poco profundo situado a tu izquierda. Y en vista de que tu camino y el de ellos convergen, te dispones para afrontar la inminente batalla.
