El Abismo Maldito

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El guerrero yace muerto a tus pies.

-¡Por Sommerlund! -exclamas cuando el muro de escudos enemigos se viene abajo. Tus hombres responden a tu grito de guerra y se emplean a fondo contra el enemigo. Las espadas rasgan el aire y el estruendo del metal alcanza gran violencia. El combate es desesperado y breve. Los bandidos arrojan los escudos y salen a escape de la posada, perdiéndose entre la oscuridad y la lluvia. Reúnes a tus hombres y corréis hacia el establo, pero se te encoge el corazón al ver las puertas abiertas de par en par. Te temes lo peor.

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