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El monstruo se desvanece; te encuentras en el suelo del túnel. Estás casi sin aliento, escuchas los violentos latidos de tu corazón y tienes la piel húmeda y fría. Te das cuenta de lo ocurrido: las nubecillas de esporas te han hecho sufrir una alucinación. El monstruo del túnel solamente ha existido dentro de tu cabeza; no era más que una ilusión. Por desgracia, los puntos de RESISTENCIA que hayas perdido en el combate no puedes recobrarlos: las heridas te las has producido tú mismo, golpeándote contra las rugosas paredes del túnel.
Mientras el efecto de las esporas comienza a desaparecer, la fatiga es mayor que tus fuerzas y pierdes el conocimiento. Pasan muchas horas antes de que despiertes con la garganta irritada y un tremendo dolor de cabeza. Vuelves a encender tu Antorcha y sigues adelante por el túnel.
