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Tus reflejos, raudos como el rayo, te han salvado de una muerte segura. El mortífero disco pasa a tu lado silbando, para terminar por hincarse con fuerza en una rueda. Te apartas del carromato dejándote rodar, y echas a correr por un estrecho callejón que desemboca en una espesa arboleda. En cuanto llegas a ella buscando un escondite oyes los gritos de alarma de los bandidos, que te siguen de cerca.
Si decides avanzar hacia el sur por entre la espesura, pasa al 123.
Si optas por cambiar de dirección y dirigirte hacia el oeste, pasa al 169.
