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Resbalas y pierdes pie varias veces mientras cruzas la desvencijada pasarela, pero a la postre consigues llegar al otro extremo. Atisbas la rugosa pared de un túnel gracias a la débil luz que proyecta un enjambre de moscas de mina. Sigues adelante, pero te encuentras tan cansado que te resulta indispensable pararte a dormir un rato.
Pasan varias horas antes de que despiertes y prosigas tu exploración.
