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Esta vez la noche parece favorecerte, pues no hay ni una sola nube, de manera que la pálida luz de la luna ilumina la ruta. Ordenas a tres de tus hombres que sigan adelante, ya que sabes que este camino, al internarse por el bosque, es un lugar propicio para tender una emboscada; la densidad de los árboles que flanquean la ruta son el escondite ideal para un verdadero ejército de ladrones. Antes de que se alejen los exploradores, les ordenas que den en seguida parte de cualquier anomalía que pudieran encontrar en el camino.
En poco más de una hora llegas a una bifurcación, en la que un sendero proveniente del este se une al camino principal. Abandonado en una cuneta se ve un carromato quemado. Te das cuenta de que algo no va bien: tus exploradores deberían haber regresado para informarte de la existencia del carromato antes de que llegaras tú a verlo; tus hombres están preocupados por lo que pueda haber ocurrido. Sabes que no debes arriesgarte a salir adelante, pues podrías ser víctima de una emboscada. Decides hacer un alto y descansar allí mismo, en la bifurcación, a la espera de que regresen los exploradores. Seis horas después, mientras el sol se eleva sobre la línea de árboles del este, los exploradores siguen sin regresar.
Si decides investigar por el camino principal, pasa al 175.
Si decides examinar el carromato quemado, pasa al 38.
Si optas por explorar el sendero que avanza hacia el este, pasa al 293.
