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Miras por encima del hombro y ves una horda de bandidos recortada contra la luz que entra por la boca del túnel. El griterío que producen se propaga en interminables ecos por el interior de la mina.
Prontos llegas a una zona en la que el túnel se ha venido abajo; se eleva hasta el techo un gran montón de tierra suelta. Desesperadamente trepas por él, en dirección a la estrecha abertura que hay en la parte superior, para dejarte caer acto seguido al pasadizo que comienza al otro lado. Allí descubres un puntal de madera carcomida. En cuanto los tuyos han pasado al otro lado, cargas con el hombro; el puntal se astilla y del techo caen toneladas de tierra y pedruscos que sellan el túnel. En cuanto se posa la polvareda que has levantado, te quedas observando la oscuridad que tienes ante ti. En los muros descubres una hilera de antorchas. Tus hombres las recogen y las encienden antes de proseguir la marcha.
