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Colocando las manos sobre el pecho del hombre herido, haces uso de tus poderes curativos para aliviar el dolor antes de extraer la flecha. Es un hombre afortunado; la flecha no le ha traspasado ninguno de los órganos fundamentales. Con tu destreza del Kai recompones la carne herida en breves segundos y ayudas al hombre a ponerse en pie. Con una mirada de asombro, completamente boquiabierto, te mira al darte tú la vuelta y ascender por la escalera hacia el tejado del torreón.
