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Abres la trampilla y sales al techo del torreón. Te acoge allí arriba una sorprendente vista. Los cuerpos de los soldados de Sommerlund yacen esparcidos por los suelos; sus armaduras están rotas, desgarradas, y todos ellos han sufrido terribles heridas. Y, lo que es más, por encima de la carnicería aletea un ave monstruosa. Sus alas baten el aire atestado de humaredas, y sus garras afiladas rasgan y mutilan cuanto tocan. A horcajadas sobre el ave hay un guerrero vestido de hierro y acero que blande una cimitarra manchada de sangre de Sommerlund. Con un hábil movimiento salta de la silla engastada de gemas preciosas en que monta, se detiene un instante y luego avanza hacia ti. Al acercarse el guerrero, una extraña voz crea ecos dentro de tu cabeza:
-Recita tus oraciones, guerrero de Sommerlund, pues tu final se aproxima.
Si decides combatir contra el guerrero, pasa al 77.
Si optas por eludir el combate antes de empezar, pasa al 128.

