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Con tu poderoso mandoble has derribado a tu enemigo del caballo. Cae al suelo y bajo su peso se le astilla la lanza. Se pone en pie con dificultad y eleva el visor de su casco: te clava la mirada, mostrando una malvada sonrisa que deja al descubierto una fila de dientes renegridos. Lanza su grito de combate y echa a correr hacia ti, desenvainando el alfanje al acercarse.
Si decides combatir contra el guerrero, pasa al 90.
Si optas por rehuir el combate, pasa al 163.
