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Barraka trae consigo el hedor de la podredumbre y la muerte. Entra a grandes zancadas en el santuario; unas botas echas con piel de Gourgaz le cubren ambas piernas. Cierra la puerta de piedra de un golpe, con una facilidad aterradora. Se queda quieto, en completo silencio, antes de abrir de par en par las enormes puertas negras que ostentan las amenazadoras calaveras grabadas. De repente, un viento poderoso como una verdadera galerna marina irrumpe en el santuario; a tus oídos llega un terrorífico aullido. Tras las puertas abiertas, un malecón de piedra avanza hacia el abismo de Maaken. Estás contemplando el precipicio del infierno.
Barraka vuelve, dejando atrás el malecón que barre el viento de un extremo a otro. Se dirige pausadamente hacia el altar. Extrae de una vaina oculta una daga negra en forma de serpiente ondulada y expone la hoja a la luz. Una maligna llamarada azul recorre el filo de arriba abajo, parpadeando a merced del viento helado del precipicio de Maaken. El sacrificio está a punto de comenzar.
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Si decides desenvainar tu arma y lanzarte al asalto de Barraka, pasa al 296.
Si optas por distraerlo para alejarlo del altar sin atacarlo, pasa al 119.

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