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El bosque hierve de bandidos que patrullan, pero tu rápido ingenio y tu conocimiento del Kai te ayuda a la hora de permanecer oculto a sus ojos. Finalmente, llegas al extremo de la arboleda. Contemplas una amplia extensión de campos a cuyo término debe de encontrarse Ruanon. La visión que se te ofrece a los ojos es ciertamente descorazonadora.
Buena parte del pueblo minero ha sucumbido a las llamas. Las renegridas ruinas de todo lo que en su día fueron tiendas, granjas y tabernas no pasan ahora de ser humeantes montoncillos carbonizados. Empiezas a temerte lo peor, es decir, que Ruanon esté completamente destruido; entonces un golpe de brisa aclara la neblina y la humareda que cuelga como un cortinón oscuro sobre las ruinas. Dentro del perímetro de los edificios quemados se ha construido una barricada en torno a una torre de piedra. Sobre la torre campea todavía una bandera reducida a jirones, proclamando cierta esperanza: es la bandera solar de Sommerlund, cuyo borde está bordado en hilo blanco: es, pues, el estandarte de la caballería del Regimiento del Rey.
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El súbito crujir de una rama te deja helado. Te das la vuelta a tiempo de ver a tres bandidos que se arrastran sigilosamente hacia ti. A la luz del sol retumban las puntas metálicas de sus lanzas. Parecen estar cubiertas de un líquido espeso y pegajoso.
Si posees la disciplina de Caza, o si has estado alguna vez en Cala Gorn, pasa al 45.
Si decides enfrentarte a los bandidos, pasa al 133.
Si optas por huir de ellos, debes echar a correr a campo traviesa en dirección a Ruanon: son al menos ochocientos metros. Pasa al 307.

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