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Oyes el chirrido de la barra del cerrojo y en la puerta de la posada aparece un hombre fornido vestido con un jubón de cuero.
-Bienvenido a mi humilde posada, señor. Os ruego disculpéis mis sospechas, pero es que ésta es una zona muy peligrosa; el menor error podría costarnos la vida.
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Haces una indicación a tus hombres para que metan los caballos en el establo y sigues al posadero hacia el interior. El salón más parece una armería que un comedor. Carcajes repletos de flechas se encuentran alineados junto a cada una de las ventanas, cubiertas por rejas de hierro; en la pared del fondo hay una larga hilera de lanzas. El lugar está desierto por completo, a excepción de dos jóvenes ciertamente parecidos al posadero. Uno de ellos levanta la cabeza vendada.
Preguntas al posadero cuánto os costará pasar allí la noche, y te sorprende oír su contestación.
-Nada -dice, a la vez que aparta las mesas de tal forma que tus hombres puedan instalarse por el suelo-. El hecho de que paséis la noche aquí tiene para nosotros más valor que el oro. Unos bandidos nos atacan noche tras noche desde la última luna llena.
En cuanto el último de tus hombres regresa de los establos, cierran y protegen las puertas con gruesas barras de hierro. Ha empezado a llover; a tus hombres les alivia permanecer a cubierto, descansando sin sufrir el frío ni la humedad.
Si deseas interrogar al posadero acerca de los bandidos que les asedian noche tras noche, pasa al 239.
Si prefieres preguntarle qué noticias ha tenido de Ruanon a lo largo del último mes, pasa al 266.
Si optas por no hacerle preguntas, puedes disponerte a descansar; pasa al 324.

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