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Desde el cobertizo, una rampa resbaladiza desciende hasta la orilla. Uno de tus hombres alza la pesada reja de protección y el resto de ellos empuja el bote. Te subes a bordo con tal fuerza que caes hacia adelante. Cuando consigues desenredarte de entre tus hombres, el bote está ya firmemente depositado sobre las aguas del río. Agarras un remo y luchas junto con tus soldados por mantener el bote en el centro de la corriente, que resulta ser más veloz de lo previsto a medida que recorre el pie de la cordillera de Maaken. Sin embargo, una vez que conseguís controlar el bote te encuentras enfrentado a un inesperado peligro: el río desaparece de súbito en el interior de la roca, justo debajo de una enorme cornisa granítica. Es demasiado tarde para evitar la entrada, así que al penetrar en la caverna interior, oscura como boca de lobo, te preparas para afrontar los ocultos peligros que puedan abordarte.
