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El puntal se astilla y se parte en dos. Un temblor recorre el suelo, haciéndote tropezar y caer; rápidamente te pones en pie. Echas a correr hacia otra zona más segura: un derrumbe de tierra suelta y piedras llena el túnel a tus espaldas. A causa de la onda expansiva vuelves a caer al suelo cuan largo eres; el aire está lleno de polvo. Te pones en pie y sigues adelante, pero te cuesta una media hora llegar a la parte del túnel en la que el aire está limpio y arden todavía algunas antorchas.
