El Abismo Maldito

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Sin llegar a recorrer un solo kilómetro se produce el desastre. De repente, un explorador que cabalga delante de ti suelta un espantoso chillido de dolor: un disco de afilado acero se le ha hincado en el pecho. Infinidad de discos surcan el aire en todas las direcciones con mortíferos silbidos. Antes de caer en manos de los asesinos ocultos, alejas a tus hombres al galope.

Cuando por fin tascas el freno de tu sudoroso caballo te encuentras a más de cinco kilómetros del escenario de la emboscada, y a tu lado quedan tan sólo cuatro hombres. La detención debe ser breve, pues el enemigo probablemente está ya tras vosotros. Con el espantoso eco de los mortíferos discos de acero zumbándote todavía en los oídos, diriges al resto de la compañía hacia el sur, por el camino principal.

Pasa al 297.

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